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1 de julio 2010, un antes y un después…

julio 1, 2014

Hoy es 1 de julio del año en curso, ya han pasado 4 años, unos largos 1461 días con sus 24 horas, y a pesar de que en el día a día trato de no darle relevancia a lo ocurrido, de que ha pasado mucha agua bajo el puente, de que intento no pensar mucho sobre el tema, de que han cesado las pesadillas no puedo decir que haya dejado de sentir miedo escalofriante cuando recuerdo el momento, ese espeluznante minuto, entiendo ahora cuando dicen “ese momento fue eterno” como si paralizase el mundo, como si en ese instante la tierra dejase de girar…

Ese día comenzó como cualquier otro, un día normal donde se realizaban las actividades planificadas con toda normalidad sobre la hora de la comida recibimos una llamada cancelando la cita de la tarde, por lo que teníamos inesperadamente tiempo libre y decidimos visitar a la familia de mi esposa por lo que nos pusimos en contacto con mi suegra y mi cuñada para saber donde estaban, al conocer que no estaban en casa les dijimos que pasaríamos a buscarlas, hasta ahí todo normal. No era extraño que aprovechásemos tiempo libre para pasarlo en familia y en esta oportunidad era con ellas, nos dijeron que iban a un banco cerca de donde viven y pensamos que lo mejor era pasar y recogerlas en el Centro Comercial.

Llegamos y entramos a la agencia del banco cerca de las 3 de la tarde y nos sentamos a esperar que las terminarán de atender, en el banco había una cantidad de personas considerable para la hora, estaban por cerrar, ya esperando mi cuñada nos comenta que estaban esperando mucho más de lo habitual para sacar dinero sobre todo porque la dueña de la cuenta era quien estaba sacando el dinero, no nos parecía normal pero en el momento pensamos que la paranoia nos podía y consideramos que mejor nos reíamos mientras esperamos, total simplemente el Venezolano vive sumergido en un estrés interminable y comienza a ver fantasmas…

Para cuando termino la espera ya había pasado el horario de cierre del banco por lo que las puertas estaban cerradas y el vigilante se acercaba para abrir las puertas cada vez que un cliente deseaba salir, ya eramos pocos los que quedábamos dentro y al acercarnos a la puerta el vigilante estaba muy amable, en demasía pensaba yo, despidiéndonos y en especial a mi suegra, pero a pesar de mi incertidumbre pensé, quien sabe, a lo mejor de tanto verlas por el banco pues por eso las saluda así, es conocido como el Venezolano siempre intenta ser muy conversador y chicharachero (bueno no es que me agrade eso mucho) pero algo no sentaba bien, algo no cuadraba, camino al carro pensé que sería bueno entrar en un supermercado y hacer algo de tiempo para ver si nos seguían, pero el sitio estaba full y decidimos continuar al vehículo, al final, no fue mucho dinero lo que se saco entonces no había motivos para estar así, me repetía como disco rayado en mi cabeza mientras volteaba a ver si no nos seguían hasta llegar a mi camioneta, abrirla y entrar. Que falsa sensación de seguridad tan tonta tiene el Venezolano cuando cierra los seguros de un vehículo, que no es más que lata y vidrio, materiales que no detienen balas.

Encendí el vehículo una vez los 4 dentro y me dirigí a la taquilla de pago del estacionamiento con la creencia de que todo estaba bien y sin tener la más mínima idea de lo que estaba por ocurrir. Una vez en la taquilla baje el vidrio con el ticket en mano pensando en que hacer luego de salir de ahí, al fin y al cabo teníamos casi toda la tarde para hacer algo diferente a la rutina, ese pensamiento solo duro los segundos en los que mi cerebro tardo en entender el porque el señor del estacionamiento se escondía debajo del mostrador y al ver hacia adelante vi a dos motos con chófer y parrillero en cada una y el como nos cerraban el paso, ahí entendí lo que pasaba pero creía erradamente que lo que querían era la camioneta porque en la moto más cercana el chófer se quedo en ella y el parrillero se acerco a mí pistola en mano, yo le pedía calma al señor pistola y mientras tanto trataba de quitarme el cinturón de seguridad, por el otro lado del vehículo se acercaban los otros dos malandros mucho más exaltados y desesperados por terminar “el trabajito”, mientras yo pedía calma y decía que me bajaba de la camioneta sin problema se acercaba a mí un cañón de pistola semi automática, en ese fatídico instante el señor pistola me hace entender que no quieren mi camioneta sino las carteras de las mujeres, mientras pedía calma tanto a los maleantes como a la familia intentando evitar tragedia que suponía inevitable, parecía cantado el devenir del momento, así vivimos los Venezolanos, esperando por la bala con nuestro nombre, que salga el número que tenemos todos marcados a fuego en nuestras cabezas por la incompetencia y complicidad del gobierno actual. Así pasaron unos segundos quizás un par de minutos según los relojes, para los protagonistas del momento parecía que había transcurrido horas, debo decir que para mi fueron años, al menos eso envejecí en segundos.

Momentos en lo que un cañón horrendo frente a mi cabeza mantenía toda mi atención en exclusividad quisiera o no en ese instante no había forma de no prestarle atención, solo oía los gritos de los mal vivientes en el otro lado del vehículo que violentamente golpeaban los vidrios para que las mujeres les entregaran las carteras, el miedo se podía sentir, oír, oler, esa sensación era lo único que pudo hacer que voltease, el miedo a que del otro lado de la camioneta pudiese pasar algo aumentaba más aún la tensión, el miedo, el creer que ese era el fin…

Puede contra todo lo que uno se pueda preparar previamente, hay una enorme cantidad de información circulando por la red que difunde información sobre que hacer en estos casos (por ejemplo cursos que las empresas trasnacionales dictan a sus empleados extranjeros), pero la verdad no sirve para nada. Cuando regresaba la mirada al señor pistola tuve esa horrible sensación de que realmente mi tiempo estaba por expirar, pero no solo por el miedo o por no poder controlar la situación sino que el dedo índice de la mano derecha del señor pistola bajo de estar estirado al lado del cañón a mantenerlo sobre el gatillo y ahí (esto no lo había comentado antes), en ese momento solo pude pensar en las cosas que no había dicho a mis seres queridos, las cosas que no había hecho con mi pareja, tantas metas, tantos sueños, tanto y tanto… A veces siento que es momento prestado el que disfruto, otras creo que mis abuelos intercedieron por mi… Sólo se que ese día los 4 pasajeros del carro teníamos nuestra residencia en la tierra vigente.

Por suerte termino el robo una vez las tres mujeres entregaron sus carteras, y gracias a que el señor pistola era el calmado que le basto sólo con lo material y no tenia sed de sangre, las balas de esa arma tenían otras marcas, otros números, en fin otros destinatarios, pero el terror ya estaba sembrado, ya es parte de mi ADN.

Cuando pensé que todo había terminado, que equivocado estaba. Comenzaba una etapa muy dura tan o más complicada que el robo en si. Ahora había que realizar la denuncia en la policía, ir a los bancos, pedir las citas para sacar los documentos legales y lo peor de todo, ver a la familia y amigos y tener que oír “menos mal que no les paso nada, lo material se recupera” aunque la expresión es cierta y gracias a dios no había bajas que lamentar, detesto como el Venezolano ha interiorizado lo normal de que en todas las familias haya víctimas que no han tenido tanta suerte y festejen que sólo haya sido el mal rato.

El terror de los días siguientes es algo inexplicable, el ver sombras en todas partes creyendo que de ahí saldría alguien, que a donde voltease estaban al asecho… De hecho tanto tiempo después y en una sociedad diferente todavía hoy volteo cuando camino por la calle, cuando siento a alguien caminando detrás, cuando voy hacia el coche apuro los pasos e intento adelantarme a los movimientos de quien pueda verme… es paranoia lo se, estoy claro, pero con todos los emigrantes Venezolanos con los que he hablado es lo último que se pierde, algunos en poco tiempo, otros demoramos más.

Un primero de Julio cambiaron muchas cosas, sobre todo la relación con el país que me vio crecer…

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From → Sociedad

4 comentarios
  1. Lamentable historia de una ya cada día más común situación en Venezuela; tal y como cuentas, los venezolanos nos hemos acostumbrados a dar gracias a dios cuando ocurren situaciones similares en las que las personas terminan, golpeadas, torturadas, secuestradas, robadas, humilladas, incluso heridas ya sea con arma de fuego o armas blancas, pero VIVAS. Cada día entiendo menos como los venezolanos nos hemos acostumbrados a vivir así, con miedo, paranoicos, aterrorizados y dejamos que el gobierno totalmente ineficaz que tenemos, no le importe la creciente cantidad de homicidios en un país que en teoría vive en democracia y paz y no en guerra.

    • Cada día como bien dices Kelly hay mas personas que están sufriendo calamidades incontables pero sin reacción alguna. Se habla de los próximos meses habrá una estampida enorme de Venezolanos huyendo por la vida, se habla de calidad de vida, tranquilidad y muchas cosas perdidas en el país, pero realmente salimos es sólo para VIVIR.

  2. Cada día al salir a las calles, no sabemos con qué nos vamos a enfrentar. Es trillado decir “menos mal que no les paso nada, lo material se recupera”, pero esa frase es muy cierta en los actuales momentos.
    Es triste ver como los venezolanos nos hemos acostumbrado a escuchar esas historias de personas cercanas, y no reaccionar. Desde mi punto de vista, existe un toque de queda auto impuesto, porque nos da miedo salir a la calle a cualquier hora de la noche y nos aterra tener que transitar algunas zonas (aunque la verdad ahorita la inseguridad esta presente en cualquier zona del país), las reuniones nocturnas ahora son vespertinas, las cenas se han convertido en almuerzos, cada quien ha tenido que tomar medidas de seguridad para protegerse, para sobrevivir.

    • Ante todo gracias por la visita. Ahora si entrando en faena.
      Desgraciadamente estamos tan acostumbrados en Venezuela a la criminalidad que damos como bueno perder lo material. Vivo hoy en un país que se interesa en la población y su seguridad, algo que en el caribe ya no nos acordamos quien fue el último gobernante preocupado en el tema.
      No puedo entender como un país se acostumbra a esa situación, como no quise volver a vivir esa situación me fui.

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