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1 de julio 2010, sus días posteriores…

julio 2, 2014

Una vez superado a dios gracia el trago amargo del robo las molestias y percances solo acababan de comenzar. Luego de que nos volviera el alma al cuerpo y el corazón dejase de latir a millón por segundo volvimos a entrar al centro comercial para ir al banco y tratar de cancelar las tarjetas robadas, pero la respuesta del vigilante como del gerente nos dieron a entender de inmediato que el banco tiene cómplices con los ladrones. Decidimos entre el miedo y la zozobra dirigirnos a un banco dentro un gran centro comercial que cierra más tarde y podríamos hacer las gestiones de los diferentes bancos sin tener que desplazarnos grandes trayectos.

Cuanto miedo al salir a la calle ya en el vehículo y tratando de desplazarnos rápidamente por las vías de la ciudad, como de costumbre el gran tráfico reinante imposibilitaba la tarea, cada vez que pasaba una moto a nuestro lado saltábamos de susto por lo que nos la pasamos muy agitados durante el recorrido. Finalmente a pesar de los sobresaltos una vez en el centro comercial nos dirigimos a la sucursal de uno de los bancos, donde tomamos número y esperamos la atención del gerente. Aquí entendí lo que es tener a un analfabeta funcional con complejos sociales en un puesto de jerarquía, cuando comenzamos a conversar con el tipo le comentamos lo del robo y que querían hacer las cancelaciones y congelamientos pertinentes y lo único que se le ocurre al señor es pedir la Cédula (documento de identidad) y no pude contenerme en la reacción y los apelativos que le dije, por lo que tuve que salirme de la oficina para no agarrar por el cuello al bestia. Se que se requería una forma de identificación pero estaban en persona los dueños de las cuentas, así que con ayuda del sistema informático hay muchas formas de identificación lo único es que tenía que pensar y eso era el problema. La verdad en Venezuela no existe calidad en atención al cliente, se hace por hacer sin ninguna motivación ni interés de hacerlo cada vez mejor. Pero todavía nos faltan unas cuantas sorpresas. Menos mal que el resto de tramites bancarios fueron sencillos y sin complicaciones.

Superado el trauma de los bancos, venia la parte más inverosímil, la denuncia en la policía. Llegamos a la comisaría de la policía técnica encargada de los robos a la que pertenecía la jurisdicción del robo, al ingresar sientes que entras en la cueva de ali baba y sus 40 ladrones. Se sentía oscuro, tétrico, una sensación complicada de explicar pero de esas que dan escalofríos al vivirlas, una vez dentro nos dirigimos a un policía para comentarle que deseábamos denunciar un robo. Ahí comprendí de primera mano porque las cosas van tan mal a nivel de seguridad. Como a mí no me robaron nada no tenía derecho a denunciar nada y no pude entrar en la sala de denuncias mientras tanto mi esposa, mi suegra y cuñada entraban con un policía a un cuarto donde expondrían lo sucedido. Afuera esperando conversaba con un agente quien me dejaba claro que aunque pudiese identificar a los maleantes ellos no saldrían a buscarlos, supongo yo que por eso el 97% de los crímenes en el país no son resueltos. En la sala, les aclaraban a las mujeres que como no había un tercero afectado (ya que le robaron el dinero al dueño del mismo) no se colocaría denuncia de robo sino una notificación de pérdida de documento para no tener problemas posteriores, al menos los ladrones no eran los mismos que nos tomaron la denuncia, cosa que si le ha pasado a personas conocidas. Me sentí estafado, una sensación que no permitía obtener tranquilidad y pasar página, ya conocíamos de primera mano que las autoridades en el país no sirven para nada, bueno perdón, funcionan para matraquear, ruletear y ser los primeros ladrones, secuestradores o violadores pero poco más.

El tener que sacar los documentos de identidad más que una aventura en un calvario. En Venezuela parece que mientras más complicado pueda ser un trámite más a gusto se sienten las autoridades pertinentes, eso de tener que ir a un parque o plaza y hacer colas de horas para poder obtener tu documento de identidad es de risa, aún más cuando el nombre que le colocan es de “operativo” lo que debería hacerlo sencillo y ágil. Al menos entre los documentos no se encontraba el pasaporte, sino la odisea rayaría en tragedia griega. A pesar de no querer entrar en comparaciones es muy indignante tener que esperar horas por un pedazo de papel vulgar y en otros países no necesitas más que unos 10 minutos para obtener el documento de identidad en plástico impreso y hasta con chips que pueden ser utilizados en trámites online.

Personalmente para mi lo peor de las horas, días y meses posteriores al robo no fueron los trámites burocráticos y/o administrativos que aunque fueron una pesadilla se resolvían con paciencia, mucha y con algo de suerte sino que lo peor fue observar o ser participe de situaciones que anteriormente no había vivido tan de cerca, con la sensación que una vez salvada una bala, en cada acontecimiento extraño se reducía más y más mi circulo de confort y temía a diario volver a ser protagonista en el trágico acontecer diario del país, en el cual las muertes se cuentan en decena y no son más que un número estadístico sin rostro, sin nombre, sin dignidad, sin pudor, en fin sin descanso.

Comencé a vivir situaciones desconocidas como ir por la autopista principal de Caracas a tempranas horas de la tarde noche y ver como un motorizado le disparaba a un coche por la osadía de cambiar de canal cuando el rey en dos ruedas pasaba cerca. El tener que esconderme en una panadería porque se acercaba una horda de motorizados que se dirigían a un entierro de algún miembro de su ilustre colectivo y que aprovechaban la oportunidad para un chance, el despojar a quien se encontrarán cerca de sus pertenencias. Tal fue el susto que una pareja de guardias nacionales que iban en moto cuando observaron el panorama arrancaron de tal manera que pensé que dejaban los dientes en el asfalto capitalino. Oír cada vez más a menudo y de personas más cercanas a mi grupo íntimo como habían sido víctimas del hampa o como algún conocido no había tenido la suerte de contarlo, víctimas de robos, secuestros, disparos, amenazas, en fin, la pérdida de su intimidad e invulnerabilidad. El morir en Venezuela es cuestión de suerte, sabes que sales pero no si regresas, por cada segundo de retraso que tengas tus familiares ya se piensan en que eres uno más de los 68 ciudadanos diarios que dejan de respirar por el hampa. Si morir es complicado, el vivir sobrevivir es indignante, es vejatorio, es humillante, pero pienso que tiene simplemente una estrategia política, mientras más complicado lo tienes menos tiempo tienes para quejarte.

Entonces comencé a sentirme constantemente perseguido, vigilado, en peligro inminente, tomando por ello medidas de precaución paranoides, censurandome la posibilidad de salir más allá de la puesta del sol, de prohibirme una salida nocturna, una disco, una fiesta, una cena en restaurante. Viviendo un miedo tan aterrador a la calle que ni en casa me sentía seguro, pero prefiriendo el encierro a la sobre exposición.

Caracas dejo entonces de ser una ciudad apacible, hermosa, alegre, vivaz, donde me sentía a gusto para convertirse en mi peor pesadilla, con la sensación de no querer estar, de preferir no disfrutar de ella, con el trauma de una mala ruptura sentimental, hoy tiempo después ya disfruto de la ciudad donde vivo, la que parece ser mi nuevo hogar, dejando el sentimiento perturbador en solo un recuerdo más hasta el momento que pienso que en algún momento deberé volver a ella, de visita nada más, pero aún así solo pensar en la posibilidad hace que vuelva a experimentar las pesadillas que ya tuve en el pasado cuando compraba pasajes para ir a Venezuela al comienzo de mi experiencia migratoria.

 

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From → Sociedad

4 comentarios
  1. Yo creo que la estrategia del gobierno es no hacer nada contra el hampa, ya que de esa manera el venezolano vive con miedo, con un toque de queda auto impuesto y no se queja de nada, por miedo a que estos grupos armados los busque y les hagan daño a ellos o a sus familiares. En los últimos meses hemos podido ver que de querer el gobierno acabar con el hampa o disminuir la delincuencia, soltaría a la guardia nacional contra ellos, pero no, dicho organismo parece más interesado en agredir al pueblo de a pie que a los delincuentes, lo que me hace pensar si estos uniformados no jugaran ambos papeles.
    Viviendo día a día lo que vive cualquier venezolano, da tristeza ver a una periodistas española defender lo indefendible sin tener la más mínima idea de lo que habla, me gustaría conocerla e invitarla a venir a mi país, que se venga 2 semanas, eso si, no con guardaespaldas, ni carro blindado, que viva esas 2 semanas como el venezolano común y si luego de ese tiempo aún sigue viva, me gustaría preguntarle nuevamente sobre la democracia venezolana y te apuesto los mismos 1000 euros que ella apostó (por cierto los perdió, solo hay que entrar a YouTube para ver videos que parece ella se niega a ver sobre lo que esta pasando en España con estos llamados mesías y las barbaridades que dicen, que si los españoles no abren los ojos, pueden con el trascurso de los años acabar como Venezuela), a que no volverá a decir lo mismo.

    • Ya ni guardaespaldas ni coches blindados garantizan nada, sino preguntenle al alemán que mataron en las puertas del Eurobuilding.
      Lo de la psuedo periodista es simplemente ignorancia infinita…
      Lo triste es que el Venezolano no se ha dado cuenta de lo que ha perdido y sigue creyendo que viven bien, y todavía hay amigos que me preguntan que hago aquí que no me regreso y no hablo de ignorantes, incultos sin estudios…
      Los males del país son tantos que los tienen distraído sin encontrar nunca una pequeña solución.
      Creo que mientras el pueblo haga colas por comida, medicinas, el tráfico y todas esas cosas y viva con un enorme miedo no tendrá tiempo ni fuerzas para pelear contra el gobierno y esa parece la estrategia usada desde Miraflores.

  2. El calvario que describes es la realidad que deben vivir todas las personas victimas del hampa, a estos “funcionarios” no le importa hacerlo más manejable porque así tendrían mas trabajo; si ellos trabajaran como debe ser, de manera optima, todas las personas que sufren una situación de robo, hurto, lesiones, etc. se animarían a denunciar, porque confiarían en que el culpable será llevado ante los entes judiciales para dictarle una sentencia por el delito cometido. Pero si al dirigirte al ente policial receptor de la denuncia y el mismo funcionario es el hampon, lo lógico por resguardo es no denunciar, por temor de dar tus datos y posibles represalias.
    Venezuela es un hermoso, donde su único mal somos los venezolanos, que hablamos pero no actuamos; donde muchos se acostumbraron a tener todo gratis, por dádivas que le da el gobierno, para tenerlos tranquilos, y a no salir cada día a trabajar duro, a luchar por lo que se quiere de manera honesta.

    • Lo peor es que crees que una vez superado tu encuentro cercano con la muerte lo malo ha terminado y nada más lejos de la realidad. Comienza un calvario indigno para una víctima, estamos como sociedad tan acostumbrado al crimen que no entendemos los miedos y el terror que vive quien ha pasado por esa situación. Con todo mis respetos pero hace mucho que para mi Venezuela no es ni bonito ni agradable para estar, porque es cierto que los males son culpa de los ciudadanos pero no puede ser hermoso un país que saca todo tus miedos y los convierte en horribles pesadillas.

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